A menudo pensamos en la creatividad como un don misterioso, un manantial de inspiración al que solo unos pocos elegidos tienen acceso. Del mismo modo, vemos la disciplina como una carga, una batalla constante contra nosotros mismos que se libra con pura fuerza de voluntad. Estas ideas románticas, aunque atractivas, rara vez se corresponden con la realidad de una vida dedicada a un oficio.
Haruki Murakami, el célebre novelista japonés, emerge como una fuente inesperada de sabiduría práctica sobre cómo construir una vida creativa y con propósito. En sus reflexiones, especialmente en su libro de memorias "El novelista corredor", sus lecciones más poderosas no provienen de una epifanía artística, sino de la experiencia pragmática de dirigir un club de jazz y de su inquebrantable rutina como corredor de maratones. Sus ideas, a menudo contraintuitivas, revelan que una vida creativa no se encuentra, se construye: a través del trabajo duro en lugar del talento, del compromiso total en lugar de la seguridad, y de una disciplina que no nace de la fuerza, sino de un propósito claro.
La regla del "uno de cada diez": No intentes gustarle a todo el mundo
Antes de ser un novelista de fama mundial, Murakami dirigía un pequeño club de jazz. Fue allí, lidiando con clientes y finanzas, donde aprendió una de sus lecciones más liberadoras. Se dio cuenta de que para que el negocio sobreviviera, no necesitaba que a todos les gustara. De hecho, solo necesitaba que a uno de cada diez clientes le gustara lo suficiente como para convertirse en un habitual.
Sin embargo, esta no fue una realización pasiva. Murakami entendió que para atraer a ese "uno de cada diez", debía adoptar una estrategia activa: "tenía que dejar mi filosofía absolutamente clara y mantener esa filosofía pacientemente pase lo que pase". Esta idea transformó su enfoque, tanto en los negocios como en la escritura. No se trata solo de ignorar a los críticos, sino del trabajo deliberado de definir una visión auténtica y sostenerla con paciencia. Es un recordatorio liberador de que el éxito no reside en la aprobación universal, sino en la conexión profunda con una audiencia dedicada.
No importaba si nueve de cada diez personas no les gustaba el club. Darme cuenta de esto me quitó un peso de encima.
La creatividad no es un manantial, es un pozo que debes cavar
Murakami no se considera a sí mismo un escritor con un talento innato del que las frases brotan sin esfuerzo, como "el agua de un manantial natural". Por el contrario, su autopercepción es la de un trabajador, alguien que debe esforzarse para encontrar la fuente de su creatividad. Su metáfora es mucho más terrenal y laboriosa: debe tomar un cincel y golpear la roca para cavar un agujero profundo y encontrar la veta de agua.
Esta perspectiva redefine la creatividad no como un don mágico, sino como el resultado de la perseverancia y el trabajo duro. Con los años, explica, se ha vuelto más eficiente en este proceso, no solo cavando, sino aprendiendo a "localizar nuevas vetas de agua" en cuanto nota que "una fuente se está secando". Esta es una idea poderosa sobre la resiliencia creativa: no se trata solo de trabajar duro, sino de desarrollar la habilidad de buscar nuevas fuentes de inspiración de forma estratégica a lo largo de una carrera.
Tengo que golpear una piedra con un cincel y cavar un agujero profundo antes de poder encontrar la fuente de mi creatividad.
El compromiso total como motor del cambio
En 1981, con una "cantidad considerable de deudas" aún por pagar, Murakami tomó una decisión que todos a su alrededor consideraron una locura: cerrar su exitoso club de jazz para dedicarse por completo a escribir. Sus ingresos como escritor eran mucho menores y sus amigos le aconsejaron que contratara a alguien para dirigir el negocio mientras él escribía. Él se negó.
Su mentalidad era de "todo o nada". Sabía que si intentaba hacer ambas cosas a medias y fracasaba, viviría con el arrepentimiento. Prefería fracasar habiéndolo dado todo en una sola dirección. La presencia de la deuda hace que este momento no sea un simple riesgo profesional, sino un acto de fe y compromiso total con su vocación. Nos enseña que los cambios verdaderamente transformadores a menudo requieren que quememos las naves, incluso en una posición vulnerable, para entregarnos por completo a un nuevo camino.
Soy de esas personas que tienen que comprometerse totalmente con lo que hagan. Si, tras comprometerme, fracasaba, podía aceptarlo. Pero sabía que si hacía las cosas a medias y no funcionaban, siempre tendría arrepentimientos.
La disciplina no nace de la fuerza de voluntad, sino de la conveniencia
La gente suele asumir que Murakami posee una fuerza de voluntad sobrehumana para haber corrido casi a diario durante décadas. Él lo niega. La razón, argumenta, es mucho más simple: le conviene. Es una actividad que encaja con su personalidad y apoya la vida que quiere llevar. Incluso corredores de élite como Toshihiko Seko admiten que hay días en que no tienen ganas de correr, de hecho, "todo el tiempo".
En esos momentos de desgana, la motivación de Murakami no proviene de un mandato interno, sino de un recordatorio pragmático. Se dice a sí mismo que tiene la inmensa suerte de poder ganarse la vida como novelista, sin jefes ni horarios fijos. En comparación con esa fortuna, correr una hora es un precio muy pequeño que pagar. Esta lección es fundamental: los hábitos duraderos no se imponen por la fuerza, sino que se construyen cuando entendemos que son un pequeño precio a pagar por una vida que valoramos profundamente.
¿No te das cuenta de lo afortunado que eres? Comparado con eso, correr una hora por el barrio no es nada, ¿verdad?
Una Reflexión Final
La vida creativa y disciplinada de Haruki Murakami no es el resultado de un talento mágico, sino de una filosofía de vida profundamente pragmática. Él nos enseña que la libertad creativa no se encuentra esperando la inspiración, sino construyendo una estructura para ella: un modelo que se dirige a unos pocos dedicados, una ética de trabajo que cava en busca de ideas, un cambio de vida que elimina las distracciones y hábitos diarios sostenidos no por la fuerza, sino por un claro entendimiento de su beneficio. Al final, la lección de Murakami es que una vida extraordinaria se construye con hábitos ordinarios. ¿Cuál es el primer hábito que necesitas para empezar a cavar tu propio pozo?
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