En el actual escenario chileno, fracturado por un ruido de trincheras que parece reducir la política a una colisión de dogmas, la figura de Felipe Schwember (1976-2025) emerge como una anomalía necesaria.
No fue un conservador mimetizado ni un anarquista de mercado indiferente al tejido social; fue, quizás, el último de nuestros liberales clásicos. Su pensamiento no buscaba la complacencia, sino la articulación de lo que John Rawls denominó una "utopía realista": la convicción de que una sociedad de hombres y mujeres libres no es un delirio metafísico, sino un horizonte posible bajo condiciones institucionales de democracia y derechos universales.
La "Utopía Realista": Superar la reacción colonial
Para Schwember, la utopía no era una fantasía escapista, sino una función regulativa para orientar la acción política. Inspirado por la "meta-utopía" de Nozick y el rigor de Rawls, su propuesta conectaba con la tradición de José Victorino Lastarria.
Al igual que el prócer del XIX, Schwember entendía que Chile arrastra una pulsión autoritaria que Lastarria definió como la "reacción colonial" de Diego Portales frente al espíritu liberal de 1828.
Su labor consistió en rescatar esas "histopías" —utopías situadas en la historia— que buscaban transformar un régimen corporativo y discriminatorio en una república de individuos. Al analizar la obra de Miguel Luis Amunátegui, Schwember acuñó una tesis audaz:
“En Amunátegui puede notarse un ‘desbordamiento utópico de la facticidad’. Es decir, si su utopía realista se hubiese conformado con ser solo liberal, podría haber igualmente sido significativa... pero va mucho más allá: defiende de manera expresa la inclusión de las mujeres”.
La Libertad como condición de sentido: Una apuesta ateológica
Una de las contribuciones más refinadas de Schwember fue su distinción entre la Filosofía Política, que debe ser estrictamente ateológica, y la Filosofía Moral. Para él, el Estado no tiene como misión imponer un modelo de "felicidad" o virtud; su función se agota en garantizar la oportunidad de elegir. Es la diferencia entre la libertad (el valor supremo) y las libertades (sus instrumentos de ejecución).
Schwember sostenía que, aunque la libertad es insuficiente para garantizar una vida virtuosa (tarea de la moral), es la premisa indispensable para la dignidad. Sin esa capacidad de elección, la existencia es un guion ajeno. Como dejó escrito con precisión quirúrgica:
“Únicamente en virtud de esa oportunidad, estoy en condiciones de poder decir que la vida que vivo es realmente mía o, lo que lo mismo, solo en virtud de esa oportunidad puedo estar en situación de poder identificarme con mi propia vida”.
El mercado como epifenómeno del Derecho Privado
Frente a la caricatura del mercado como un espacio de depredación o "guerra de todos contra todos", Schwember lo reivindicaba como un sistema de cooperación voluntaria.
En su visión, el mercado es un epifenómeno del derecho privado: surge naturalmente cuando se aplican con rigor la igualdad formal, la propiedad y la libertad contractual. Lejos de ser un juego de suma cero, es el régimen económico que mejor permite que cada individuo ejecute su propio plan de vida sin someterse a la ingeniería social de un tercero.
"Subsidiariedad Positiva" y la Voluntad Mixta
Schwember libró una batalla intelectual interna dentro de la derecha chilena, enfrentándose a lecturas como las de Hugo Herrera, quien propone una intervención estatal "prudencial" que a menudo encubre la imposición de visiones morales particulares. Schwember, en cambio, defendía la primacía de la subsidiariedad negativa: la libertad se presume y la restricción debe justificarse.
Sin embargo, su liberalismo no era ciego a la carencia. Introdujo el concepto aristotélico de "voluntad mixta" para justificar la acción estatal. Al igual que el capitán de un barco que arroja la carga durante una tormenta —actuando en parte voluntaria y en parte forzado por la necesidad—, muchas personas carecen de las condiciones materiales para ser verdaderamente libres.
Aquí entra la subsidiariedad positiva: el Estado debe actuar para "llenar la brecha de voluntariedad", restaurando la capacidad de agencia del individuo. Es el eco moderno del "Estado docente" de Amunátegui: intervenir no para tutelar, sino para emancipar.
El Liberalismo Queer: La deuda histórica con la diferencia
Quizás su postura más provocadora fue la defensa de la libertad de género y los derechos LGBTIQ+. Para Schwember, el liberalismo tiene una "deuda histórica" con la teoría queer. Si el principio liberal dicta que cada uno es dueño de su biografía, la homogeneización identitaria del patriarcado es una coacción que debe ser desmantelada.
Bajo la premisa de que "la biología no es destino", Schwember afirmaba que la emancipación del heteropatriarcado es una extensión lógica de la autonomía individual. Su diagnóstico era tajante respecto al modelamiento social de lo femenino: "La feminidad es lo que el patriarcado hace de las mujeres".
Contra el espejismo del Paleolibertarismo
En sus últimos años, Schwember observó con severidad el ascenso de la "derecha radical" personificada en Trump, Bolsonaro o Milei. Para él, estas figuras no representan una evolución del liberalismo, sino una mutación estratégica y electoral —el paleolibertarianismo de Rockwell— que sacrifica los principios en el altar del nacionalismo y el conservadurismo moral para ganar votos en bases cristianas.
Criticó que estos movimientos posean un respeto por el Estado de derecho y la separación de poderes que es, en el mejor de los casos, "meramente instrumental". En el contexto chileno, no escatimó dardos contra sectores que "inyectaron nacionalismo" a sus filas simplemente para evitar el despropósito de defender la monarquía en suelo americano, revelando una falta de consistencia doctrinaria profunda.
Recoger el guante de Lastarria
Felipe Schwember fue un puente entre la ingeniería social fragmentaria del siglo XIX y las complejidades del XXI. Su legado desafía a abandonar el confort de las identidades cerradas y a abrazar un liberalismo que no teme al mercado ni a la diversidad sexual, pero que tampoco ignora la responsabilidad del Estado frente a la vulnerabilidad.
Al cerrar sus páginas, queda una pregunta que incomoda tanto a la izquierda identitaria como a la derecha paleolibertaria: ¿Es posible hoy ser un "liberal en toda la línea"?
Schwember demostró que sí, pero requiere la valentía de defender la libertad incluso cuando esta contradice nuestros propios prejuicios. Recoger su guante es, hoy más que nunca, un acto de resistencia intelectual.
FUENTE: "Felipe Schwember: En la estela del liberalismo chileno", por Valentina Verbal Stockmeyer, doctora, magíster y licenciada en Historia, investigadora asociada del centro de estudios Horizontal.

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