¿Cómo un libro de 1552 se convirtió en la primera arma de propaganda masiva? Las verdades incómodas de la «Brevíssima Relación»



¿Es posible que un solo volumen tenga la fuerza suficiente para transformar los cimientos legales de un imperio y, simultáneamente, ser el motor de su desprestigio global durante siglos? 

La Brevíssima Relación de la destruyción de las Indias no fue un simple lamento humanitario; fue una de las operaciones de comunicación política más audaces de la Modernidad. Bartolomé de las Casas, a menudo simplificado como un fraile caritativo, se nos revela hoy como un estratega mediático de primer orden. 

Consciente del carácter «absolutista y voluntariamente manipulador» de su retórica, diseñó un relato catastrofista destinado a sacudir las conciencias de la Corte y forzar cambios estructurales mediante el uso disruptivo de la imprenta.

El sorprendente retraso de la censura: 108 años de libertad

Frente al mito de una Inquisición que asfixiaba cualquier disidencia, la trayectoria de la Brevíssima nos ofrece una realidad mucho más compleja. El libro se publicó en Sevilla en 1552 sin censura previa y circuló libremente por los dominios españoles durante más de un siglo. No fue hasta junio de 1660, en Zaragoza, cuando el Santo Oficio decidió su prohibición formal.

Este lapso de 108 años demuestra que, inicialmente, la Corona española no solo toleró la autocrítica, sino que la integró como un mecanismo de evaluación interna. La obra funcionó como un espejo incómodo que el Estado permitió para legitimar la reforma de su propio marco legal indiano, demostrando una flexibilidad política que a menudo se ignora en los relatos simplistas del periodo.

Más que un libro, una herramienta de «Lobbying»

La publicación de la Brevíssima fue el último recurso de un hábil gestor de influencias. Las Casas solo acudió a las prensas cuando las gestiones discretas ante Carlos V se mostraron insuficientes para frenar el sistema de encomiendas. Su impacto fue sísmico: el texto está ligado a hitos como las Leyes Nuevas de 1542, que prohibían la esclavitud indígena, y la Real Provisión de 1556, que llegó al extremo de proscribir la palabra «conquista» de los documentos oficiales.

Sin embargo, Las Casas no actuaba solo. Se especula que detrás de la financiación y el permiso de impresión de 1552 estaba Fernando de Valdés, Inquisidor General y Arzobispo de Sevilla. Valdés, figura clave de la facción de los «renovadores» cercanos al futuro Felipe II, utilizó el discurso lascasiano como un proyectil contra la vieja burocracia de la era carolina. El propio Las Casas, en su Testamento de 1564, reafirmó su voluntad de que sus escritos fueran el motor de un cambio perpetuo:

"...que en ninguna manera saliese del Colegio si no fuese para imprimir, cuando Dios ofreciere el tiempo".

La paradoja de Las Casas: Defensor de la Inquisición

Uno de los aspectos más reveladores de la mentalidad estratégica de Las Casas fue su firme apoyo a la implantación del Tribunal de la Inquisición en las Indias. Lejos de ver en el Santo Oficio un enemigo, el dominico lo identificó como un aliado pragmático. Para Las Casas, la Inquisición era el instrumento ideal para desplazar el poder judicial de los conquistadores y encomenderos, transfiriéndolo a una estructura eclesiástica centralizada.

Esta alianza no era solo moral, sino económica: la instauración del Tribunal en América permitiría sanear la «precaria hacienda inquisitorial» y consolidar el control de la Iglesia sobre el proceso colonizador. Para el obispo de Chiapas, el rigor inquisitorial era el precio necesario para asegurar una «implantación pacífica del cristianismo» y la protección jurídica de los indios frente a la voracidad de la burocracia civil.

Cuando la imagen vence al texto: El nacimiento de la Leyenda Negra

El destino de la Brevíssima escapó del control de su autor para convertirse en un fenómeno de propaganda transnacional en 1598, gracias al grabador holandés Teodoro de Bry. De Bry comprendió que la fuerza de la imagen podía traspasar fronteras lingüísticas y niveles de alfabetización que el texto jamás alcanzaría.

Mediante 17 grabados de una violencia hiperbólica, De Bry transformó la crónica lascasiana en un artefacto visual devastador. Estas ilustraciones terminaron convirtiéndose en «piezas autónomas de arte» o separatas que circulaban de forma independiente al libro, despojadas de su contexto jurídico original. El mensaje de Las Casas fue secuestrado por las potencias protestantes, que utilizaron estas imágenes para cimentar la «Leyenda Negra» y desacreditar el dominio español en Europa y el Nuevo Mundo.

El análisis de Minguijón: "Buena mala intención" y el factor tiempo

En 1660, el jesuita Francisco Minguijón, calificador de la Inquisición en Zaragoza, diseccionó la obra con una agudeza crítica sorprendente. Minguijón no cuestionó la ortodoxia teológica de Las Casas ni su «buen fin» —la protección de los nativos—, pero denunció lo que hoy llamaríamos la manipulación de la temporalidad mediática.

Minguijón advirtió que los «herejes» utilizaban descripciones de abusos cometidos hacía un siglo como si fueran denuncias del presente, ignorando deliberadamente las reformas legales ya aplicadas. Su celo llegó al análisis gramatical: sugirió corregir específicamente los tiempos verbales, suprimiendo el «que se hacen» por el «que se hicieron», para evidenciar que el problema ya no existía. En su censura, alertaba con lucidez sobre el daño reputacional:

"...desto toman ocasión los enemigos de España y los herejes para escribir que los españoles son fieros y crueles".

Finalmente, el libro no fue prohibido por herético, sino por ser un «libelo infamatorio» que servía de munición a los enemigos de la nación.

Una lucha por la memoria que no termina

El eco de la Brevíssima Relación y la iconografía de De Bry sigue vibrando en la cultura de masas contemporánea. Lo vemos en el cine (como en la cinta También la lluvia), donde se perpetúan visualmente las narrativas lascasianas como verdades inamovibles.

Este caso histórico nos sitúa ante un dilema moderno: ¿Somos capaces hoy de distinguir la denuncia legítima de las injusticias de la manipulación de esos mismos hechos con fines geopolíticos? La batalla de Bartolomé de las Casas por los derechos humanos y la posterior instrumentalización de su obra nos recuerdan que, en la historia de la comunicación, quien controla el relato y la imagen, termina controlando la memoria.

Fuente: "La Brevíssima Relación de la destrucción de las Indias" o los albores de la manipulación mediática en la España Moderna. Elvira M. Melián, Máster en Ciencias Históricas, Universodad Rey Juan Carlos de Madrid.

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