Más allá del abismo: 6 lecciones sobre mito, catástrofe y el cine de Werner Herzog en Latinoamérica



La sensación de crisis no es una novedad del siglo XXI; es el motor que ha impulsado algunas de las visiones más potentes del cine contemporáneo. Para el cineasta alemán Werner Herzog, el progreso de la civilización occidental no es una línea ascendente de éxito, sino una forma de "catástrofe" que nos ha desconectado de lo sagrado. Sin embargo, cuando esta visión cruza el Atlántico y aterriza en Latinoamérica, el eco cambia de tono. En manos de directores como Carlos Reygadas, Lisandro Alonso o Ciro Guerra, la catástrofe deja de ser un absoluto místico para transformarse en una herramienta de desmitificación política y social.

A continuación, exploramos cómo el cine latinoamericano ha dialogado con el legado de Herzog para procesar sus propias ruinas, transformando el éxtasis alemán en una memoria crítica.

1. La Catástrofe: ¿Falla de la civilización o trauma local?

En la obra de Herzog, la catástrofe se manifiesta como un fenómeno natural abrumador —volcanes o glaciares que nos enfrentan a la muerte— o como el fracaso de la Ilustración occidental. Herzog critica una razón moderna que, al intentar dominarlo todo, termina por esterilizar la naturaleza y alienar al hombre. Esta "pedagogía de la catástrofe" busca recuperar un pensamiento mágico frente al escepticismo científico.

Por el contrario, el cine latinoamericano contemporáneo desplaza esta "barbarie de Occidente" para centrarse en catástrofes marcadas por el contexto local. Directores como Reygadas (Japón) o Agüero (Salamandra) no buscan el fin de los tiempos en términos metafísicos, sino que exploran las ruinas psicológicas y sociales provocadas por el neoliberalismo, las dictaduras o las crisis económicas nacionales. Aquí, el desastre no es un misterio del cosmos, sino un hecho histórico legible.

Herzog habría buscado así "poner en evidencia el fracaso de la civilización occidental, fracaso que se hace visible en la representación de catástrofes ecológicas y humanitarias provocadas allí donde occidentales intervinieron" (Carré, 2008, p. 193).

2. Del Mito a la Alegoría: Dos formas de ver el mundo

Existe un contraste fundamental en la intención narrativa: mientras Herzog busca una "verdad éxtatica" y la revelación de un sentido único, los cineastas latinoamericanos invitan al "desciframiento" de múltiples realidades.

* Narraciones Míticas (Herzog): Buscan un sentido trascendente y eterno. Intentan establecer un ethos colectivo a través de lo sublime, rescatando la cultura de la "contaminación urbana".

* Narraciones Alegóricas (Latinoamérica): Funcionan como códigos que conectan lo anecdótico con lo político. En Salamandra, por ejemplo, la vulnerabilidad no es solo emocional; la película utiliza la perspectiva del niño como un índice alegórico de la nación argentina y su memoria post-dictatorial.

3. Héroes megalómanos vs. Antihéroes vulnerables

Los protagonistas de Herzog, como Fitzcarraldo o Kaspar Hauser, son seres inadaptados que el director ennoblece. Sus empresas, aunque absurdas, son retratadas como heroicas; son sujetos que desafían la naturaleza para afirmar la potencia del espíritu.

En el cine latinoamericano, esta figura heroica se desmorona en favor de personajes ordinarios y herméticos que sirven como espejo de traumas nacionales. En Tony Manero (Chile), la fría obsesión de Raúl Peralta por la fama se vuelve una alegoría de la dictadura, mientras que en La teta asustada (Perú), el enmudecimiento de Fausta refleja las cicatrices del "terrorismo de Estado". No hay un "ennoblecimiento mítico" en su sufrimiento; su fragilidad retrata la alienación de sujetos que ya no intentan conquistar el mundo, sino simplemente sobrevivir a sus ruinas personales.

4. El Paisaje: ¿Espejo del alma o registro histórico?

Para Herzog, la naturaleza es un "vampiro hambriento", una fuerza sobrehumana, indiferente y mística. Es el escenario donde el cielo "nos abandona a nuestro destino de mortales", funcionando como un espejo de las pasiones humanas.

El cineasta ha señalado que sus paisajes reflejan lo que podría llegar a ser el “alma humana”, “literalmente paisajes interiores” (Cronin, 2012, p. 176).

En cambio, en filmes como Jauja, el paisaje se desmitifica a través de la técnica. Lisandro Alonso utiliza un formato cuadrado y una colorimetría fría para banalizar la pampa, restándole sublimidad. El paisaje aquí no es una revelación espiritual, sino un elemento híbrido donde la historia y la memoria se cruzan para denunciar el genocidio y el fracaso del imaginario colonial.

5. El reencantamiento del mundo: Chamanismo vs. Panteísmo

Ambos cines buscan devolverle la "magia" a un mundo dominado por el pensamiento científico, pero sus rutas divergen. Herzog se apoya en un panteísmo donde lo divino es una fuerza inmanente y a menudo aterradora en la naturaleza.

Ciro Guerra, en El abrazo de la serpiente, propone el pensamiento mágico y la magia chamánica. Aquí, la naturaleza no es un "otro" inhumano y excesivo, sino un elemento en comunión con lo humano que escucha y responde. Guerra utiliza el politeísmo mítico de las comunidades indígenas para humanizar la selva, distanciándose del "exceso inhumano" herzogiano para mostrar que la naturaleza solo es ajena cuando es incomprendida por la mirada de Occidente.

6. La "Lentitud" como resistencia política

El concepto de slow cinema es clave para entender la diferencia política entre ambas visiones. En películas como Jauja o Japón, el uso de planos de larga duración y una narrativa pausada no es un mero capricho estético. Esta lentitud funciona como una forma de resistencia contra un capitalismo que se mide en microsegundos. Mientras Herzog utiliza la imagen para la sublimación estética y la búsqueda del origen del mundo, el cine latinoamericano usa el tiempo para procesar el trauma, obligando al espectador a confrontar la duración del dolor y la persistencia de la historia nacional.

Una mirada al futuro

El cine latinoamericano contemporáneo ha logrado "desmitificar" la catástrofe. Al alejarse de la búsqueda de verdades eternas y universales, estos directores han hecho que el desastre sea legible dentro de nuestra propia geografía e historia. Han transformado el abismo de Herzog en un terreno de observación donde se puede leer el pasado y cuestionar las ruinas del presente.

Hoy, ante un panorama global que parece acelerar hacia su propio fin, cabe preguntarse: ¿Necesitamos más "mitos heroicos" para darnos esperanza frente al abismo, o requerimos de "alegorías honestas" que nos obliguen a no olvidar nuestras propias ruinas?

Fuente: Mito y catástrofe. Personajes y paisajes en Werner Herzog y su eco en el cine latinoamericano | David Antonio Jurado González | Universidad Paris-Sorbonne, Francia | Correo electrónico: david_jurado@rocketmail.com

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