El mapa secreto de Magallanes: El hallazgo que cambia lo que sabíamos sobre el arte rupestre en el fin del mundo
Durante décadas, la arqueología en el extremo sur de Chile sostuvo una verdad que parecía inamovible: en la región de Magallanes, los antiguos habitantes se expresaban sobre la piedra únicamente a través del color. El registro regional estaba dominado por pinturas en tonos rojizos y ocres, dejando los grabados —aquellas marcas esculpidas directamente en la roca— como una práctica que parecía detenerse en la frontera argentina. Sin embargo, el reciente hallazgo en la sección oeste de Sierra Baguales ha roto este silencio histórico, revelando que el arte rupestre en el fin del mundo posee una complejidad técnica y una variabilidad de registro mucho mayor de lo que el "monopolio del pigmento" nos hacía creer.
Más allá del pigmento: El fin de la exclusividad pictórica
Hasta este descubrimiento, hablar de arte rupestre en Magallanes era remitirse casi exclusivamente a modalidades como "Lago Sofía" y "Río Chico", o a los grupos estilísticos "Madre de Dios" y "Extremo Sur". Esta predominancia de la pintura generaba una asimetría arqueológica notable: mientras que en la vertiente argentina, en el interfluvio de los ríos Gallegos-Chico y el campo volcánico Pali Aike, los grabados de tridígitos y motivos circulares estaban plenamente documentados, en el lado chileno permanecían en un vacío absoluto.
El trabajo de los investigadores Víctor Sierpe y Cristóbal Palacios ha logrado llenar ese vacío. Al registrar los primeros grabados en suelo magallánico, no solo se amplía la geografía del arte rupestre, sino que se confirma que las sociedades de cazadores-recolectores locales también dominaron la intervención directa sobre el sustrato rocoso. Este hallazgo permite integrar a Magallanes en una red de códigos gráficos transandina, eliminando la idea de que los grabados eran una exclusividad extranjera.
El factor humano: Don Osvaldo y la ciencia ciudadana
Este hito científico no nació en un laboratorio, sino del vínculo estrecho entre los arqueólogos y quienes habitan el territorio. Fue don Osvaldo G. Abarzúa V., residente de Villa Cerro Guido, quien alertó al equipo sobre la existencia de "marcas inusuales" en las rocas durante las campañas de prospección. Su conocimiento profundo de la geografía local permitió localizar dos sectores críticos que habían pasado desapercibidos para la ciencia oficial.
En reconocimiento a su aporte fundamental, los investigadores denominaron a los sitios con la sigla "OG" (Osvaldo Guillermo). Esta colaboración subraya que la arqueología moderna es, ante todo, un esfuerzo comunitario donde el ojo atento del lugareño es tan vital como el análisis técnico del experto.
"Expresamos nuestros agradecimientos a don Cristian Matetic de Estancia Cerro Guido por permitirnos realizar nuestra investigación en el área... y en especial a don Osvaldo G. Abarzúa V. quién entregó la información sobre sus hallazgos y acompañó en las campañas de reconocimiento".
Tridígitos y Círculos: El código visual del río Baguales (Sitio OG1)
El sitio OG1 representa el corazón del hallazgo. Se ubica en una visera de arenisca —perteneciente a la formación geológica Las Flores (Man Aike)— emplazada a 4 metros sobre la orilla este del río Baguales. En este sustrato rocoso, los investigadores identificaron dos motivos grabados con una técnica que, aunque difícil de precisar por la espesa capa de líquenes crustosos, apunta al piqueteo y raspado.
El primer motivo es un diseño geométrico circular de 6,8 cm de diámetro. El segundo, un fascinante "esquema tridígito continuo" que consta de tres tridígitos (el último de ellos incompleto), con dimensiones máximas de 5,8 cm y 8,5 cm. Los surcos, de una anchura constante entre los 15 y 20 mm, conectan visualmente este sitio con las tradiciones del Macizo del Deseado y la provincia de Santa Cruz, sugiriendo una movilidad humana que ignoraba las cumbres de la Sierra como barrera.
El enigma del bloque aislado: ¿Un rostro en la pampa? (Sitio OG2)
Hacia el sur, cerca de Villa Cerro Guido y rodeado por matorrales de Mata negra (Chiliotrichum diffusum), se localizó el sitio OG2. A diferencia del panel fijo del río Baguales, este hallazgo consiste en un bloque de arenisca de dimensiones modestas (18 cm de ancho por 17,3 cm de alto y 4 cm de grosor), que se encuentra fracturado en uno de sus extremos.
Este bloque presenta un motivo posiblemente antropomorfo, una figura estilizada cuyas incisiones, de entre 10 y 20 mm de ancho, parecen haber sido realizadas por percusión. Lo que intriga a los expertos es su pátina: el desgaste de la superficie es notablemente distinto al de los grabados de OG1, lo que, sumado a su carácter aislado y quebrado, sugiere que el bloque pudo haber sido trasladado intencionalmente o desprendido de un panel mayor aún no localizado.
Un paisaje de vida y muerte: La conexión con los "Chenques"
Los grabados de Sierra Baguales no son elementos aislados, sino hitos dentro de un paisaje densamente significado. Su ubicación no es azarosa: el sitio OG1 se encuentra a tan solo 200 metros de una extensa área de talleres líticos y a 5,8 km de campamentos residenciales.
La conexión más poderosa, sin embargo, es con el mundo ritual. Los grabados se hallan a escasos 500 metros del chenque Cerro Guido 3 y en un radio menor a 6,5 km de otras estructuras funerarias como Cerro Guido 4 y el sitio Alero Kuiil 1. Aunque no se pueden datar directamente, la cronología estimada para la cuenca del río Baguales (entre ca. 4800 y 300 años AP) sitúa a estos grabados como testigos silenciosos de milenios de ocupación, tránsito y ritos mortuorios en la estepa.
Conclusión: Una nueva mirada hacia el pasado
El registro de estos grabados —los más australes documentados en Chile— marca un punto de inflexión. Lo que antes era un "silencio técnico" en los libros de arqueología regional es hoy una evidencia tangible de la destreza y la riqueza simbólica de las sociedades antiguas.
Este hallazgo nos obliga a preguntarnos: ¿cuántos otros secretos permanecen ocultos bajo la vegetación de la pampa o protegidos por los líquenes en los valles inexplorados de la Patagonia? Los grabados de Sierra Baguales nos recuerdan que el pasado siempre tiene una nueva capa que revelar, y que la historia del fin del mundo se sigue escribiendo, surco a surco, sobre la piedra.
FUENTE: PRIMER REGISTRO DE GRABADOS RUPESTRES EN MAGALLANES: LOCALIDAD DE SIERRA BAGUALES, PATAGONIA, CHILE
Víctor Sierpe, Universidad de Magallanes, Instituto de la Patagonia, Centro de Estudios de Historia y Arqueología (CEHA), Avenida Bulnes 01890, Punta Arenas. Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), Chile. Email: victor.sierpe@umag.cl https://orcid.org/0000-0002-5327-6794
Cristóbal Palacios, Universidad de Magallanes, Instituto de la Patagonia, Centro de Estudios de Historia y Arqueología (CEHA), Avenida Bulnes 01890, Punta Arenas, Chile. Email: cristobal.palacios@umag.cl https://orcid.org/0000-0003-1666-8040

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