El mito de la extinción sobre el pueblo Selk’nam en el Chile actual



Caminar por las calles de Porvenir, en la Isla Grande de Tierra del Fuego, es habitar una contradicción que hiela tanto como el viento del Estrecho. En las vitrinas, el turista se deja seducir por la estética mística del Hain: imanes de refrigerador, figuras de yeso y postales de cuerpos pintados que reducen una cosmología compleja a un simple objeto de consumo. Sin embargo, mientras el visitante compra el recuerdo de un "pueblo extinto", por esas mismas veredas caminan familias como los Chogue, herederos de una biografía que la academia intentó sepultar bajo el rótulo de la desaparición.

¿Cómo puede una cultura haber sido sentenciada a la inexistencia biológica y, al mismo tiempo, lograr que el Estado chileno la reconozca legalmente en octubre de 2023? Esta paradoja no es un error administrativo, sino el síntoma de una historia que ha preferido el fetiche del "indio muerto" sobre la agencia del descendiente vivo. A continuación, desgranamos cinco verdades que cuestionan el relato oficial y revelan la persistencia de una identidad que nunca dejó de habitar el territorio fueguino.
La "extinción" fue una sentencia académica, no una realidad biológica
Durante gran parte del siglo XX, la antropología no solo estudió al pueblo Selk’nam, sino que lo "mató" simbólicamente mediante lo que la investigadora Ana Cecilia Gerrard denomina la “retórica de la desaparición”. Esta construcción discursiva se cimentó sobre la noción de "pureza biológica", un estándar arbitrario que permitió a figuras como Anne Chapman decretar el fin de la etnia tras las muertes de Lola Kiepja (1966) y Ángela Loij (1974).
Al declarar que ellas eran las "últimas", la academia invisibilizó deliberadamente a las familias mestizas que integraron su identidad en la cotidianeidad del Chile moderno. Un caso paradigmático es el de Carmelo Chogue, abuelo de los actuales dirigentes, quien se desempeñó como carabinero en Iquique y conductor de trolebuses en Santiago. Carmelo no era un fantasma, sino un ciudadano que, en palabras de sus descendientes, ayudó a "levantar el país". La negación del Estado fue, por tanto, una omisión política sostenida por un dogma académico. Como bien denunció José Luis Vásquez Chogue frente a la Convención Constitucional:
“Nosotros seguimos escuchando en los colegios que estamos muertos… es difícil aquí decir quién soy, porque este Estado no nos reconoce. Hemos crecido junto a ustedes, hemos caminado, trabajado, levantado también este país, pero este Estado nos niega”.
Octubre de 2023: Cuando la ley se rindió ante la persistencia
El reconocimiento del pueblo Selk’nam en la Ley Indígena (N.º 19.253) no debe leerse como un acto de benevolencia estatal, sino como una capitulación del poder ante una década de presión organizada. El hito de octubre de 2023 es el resultado directo del trabajo de la Corporación Selk’nam Chile (activa desde 2014) y la Fundación Hach Saye, organizaciones que transformaron el dolor de la invisibilidad en una estrategia política de reetnificación.
Este nuevo marco legal frente a la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) implica transformaciones profundas:
  • La demolición institucional del mito de la extinción.
  • El tránsito de la "pureza de sangre" a la autoidentificación y la memoria cultural como criterios de pertenencia.
  • La distinción necesaria entre la lucha política nacional (liderada por la Corporación) y la gestión territorial local en Tierra del Fuego (impulsada por Hach Saye).
  • El acceso a derechos de fomento y protección que les fueron negados durante 130 años.
Etnificación territorial: La cuadrícula militar que habita un fantasma
Porvenir es una ciudad que rinde tributo estético a quienes intentó borrar. Su diseño urbano responde al Plan Hipodámico, una cuadrícula militarizada influenciada por la presencia histórica del Regimiento Caupolicán. Esta estructura rígida y occidental convive hoy con una "etnificación territorial" superficial: señaléticas con los colores del Hain (rojo, negro y blanco) y monumentos que parecen salidos de una fantasía exótica.
En la entrada de la ciudad, una estatua del espíritu Halahache custodia el letrero de bienvenida. Sin embargo, no es una representación ritual fiel, sino una figura musculosa, casi atlética, que recuerda más a un jugador de fútbol americano que a una entidad espiritual. Esta es la ironía de Porvenir: la ciudad utiliza la simbología Selk’nam para dotarse de una "identidad fueguina" turística, mientras que sus habitantes no indígenas a menudo ven a los descendientes reales como "invasores" o "mentirosos" que no encajan en la estética de las fotos antiguas.
Etno-mercancía: La verdad oculta tras las fotos de 1923
El concepto de "etno-mercancía" se manifiesta con crueldad en el uso de las fotografías de Martin Gusinde. Lo que la cultura de consumo vende como un registro místico de una cultura primitiva es, en realidad, el registro de una performance negociada. En 1923, el Hain ya había sido desmantelado por las misiones; Gusinde tuvo que pagar con ovejas y tabaco para que el chamán Tenenesk simulara el ritual ante su cámara.
Esta verdad incómoda transforma el souvenir contemporáneo. Cuando compramos un pijama o una figura de yeso con el patrón de un espíritu, estamos consumiendo el registro de un simulacro nacido de la necesidad. La sociedad chilena prefiere el consumo exótico de un cuerpo pintado en una foto de hace un siglo antes que reconocer al sujeto con agencia política que hoy viste ropa occidental y exige la restitución de su dignidad. El mercado valora la imagen muerta, pero desprecia la lucha viva.
El secreto femenino frente al peso de la extinción
La historia del ritual Hain ha sido narrada tradicionalmente como un mecanismo patriarcal para dominar a las mujeres mediante el miedo. Sin embargo, las relecturas de los testimonios de Lola Kiepja y Ángela Loij revelaron el "secreto femenino": las mujeres a menudo sabían que los espíritus eran hombres disfrazados, pero mantenían la farsa para preservar el equilibrio social.
Esta recuperación de la voz femenina es el mayor aporte de Anne Chapman, aunque su figura es ambivalente para los descendientes. Si bien Chapman rescató la memoria oral, también actuó como la "espectadora de la extinción", sellando el ataúd simbólico de la tribu ante la opinión pública mundial. Su diagnóstico de "muerte cultural" pesó sobre el pueblo tanto como el genocidio mismo. Como ella misma reflexionó al final de su carrera:
“Reconocer cómo ocurrió el trágico fin de los selk’nam y de los haush es una carga pesada para la mente consciente y para el alma”.
El porvenir de Porvenir
El reconocimiento legal de 2023 es el piso, no el techo. La verdadera batalla ahora se libra en la memoria colectiva y en la educación de una sociedad que fue entrenada para creer en fantasmas. La revalorización cultural de los Selk’nam en el Chile actual exige pasar de la contemplación de la "etno-mercancía" a la aceptación de un vecino indígena con plenos derechos.
Al consumir la estética de los cuerpos pintados Selk’nam, ¿está usted honrando una memoria o participando en la mercantilización de un pueblo al que todavía se le niega el derecho a ser contemporáneo?
FuenteSergio Bustos Castro, "De “lo selk’nam” y otros demonios: la Fundación Hach Saye como gestora del reconocimiento territorial en Porvenir posterior a la inclusión a la Ley Indígena", tesis para optar al título de Antropólogo Social y al grado de Magíster en Antropología Sociocultural, Universidad de Chile.

Santiago, 2025 

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