Península Mitre: La expedición que desentrañó los secretos del extremo oriental fueguino



Basado en la investigación de Martín Vázquez (CADIC-CONICET / UNTDF) publicada en la revista Práctica Arqueológica (2026).

En el confín sur del continente, donde el Atlántico choca contra las costas más remotas de Tierra del Fuego, se extiende Península Mitre. Hoy consolidada como área protegida, durante décadas esta región de turbales y vientos inacabables fue una gran incógnita para la ciencia. Entre 1984 y 1989, un equipo multidisciplinario de arqueólogos, biólogos y geólogos decidió cambiar esa historia al poner en marcha el Programa Extremo Oriental del Archipiélago Fueguino (PEOAF), coordinado por el Museo Territorial (actual Museo del Fin del Mundo).

Un exhaustivo trabajo del arqueólogo Martín Vázquez (CADIC-CONICET / UNTDF) rescata ahora la memoria técnica y documental de aquellas campañas. El análisis no solo organiza años de registros que permanecían guardados en archivos institucionales, sino que muestra cómo la ciencia de frontera se cruzó con un periodo clave de reafirmación territorial y soberanía cultural tras el conflicto del Beagle y la Guerra de Malvinas.

Logística de frontera para explorar dos frentes marítimos

Trabajar en Península Mitre a mediados de los ochenta exigía una preparación casi de expedición militar. Sin caminos, rutas ni población permanente, el traslado dependía de apoyo helitransportado de la Armada, embarcaciones de cabotaje y largas travesías a caballo o a pie por la línea de playa.

Para abarcar el territorio, el PEOAF dividió las tareas en dos frentes principales:

  • Proyecto Capelo (Costa Sur): Dirigido por Hernán Vidal, centró sus labores en las bahías Aguirre, Valentín y Buen Suceso, enfocándose en la arqueología de grupos canoeros y entierros humanos.

  • Proyecto Septentrional (Costa Norte): Dirigido por José Luis Lanata, abarcó Estancia María Luisa, Rancho Donata y Bahía Thetis, con énfasis en la movilidad terrestre y los procesos erosivos.

Bahía Valentín: el rastro de los Haush y 6.000 años de ocupación

Uno de los puntos con mayor volumen de hallazgos fue Bahía Valentín. La zona era de especial interés por albergar las referencias históricas más sólidas sobre los Haush (o Manekenk), la comunidad cazadora-recolectora más enigmática del archipiélago fueguino.

Las excavaciones en los sitios BVS11 y BVS14 revelaron estratos arqueológicos con dataciones que van desde los 5.900 hasta los 500 años antes del presente (AP). En los niveles más profundos aparecieron arpones de hueso de ballena, lo que probó que las poblaciones con adaptación marítima del Canal Beagle habitaron este extremo oriental mucho antes de lo que se creía. Además, en el sitio BVS1 se identificaron evidencias del contacto entre los habitantes originarios y europeos mediante restos recuperados de antiguos naufragios.

Experimentos en dunas y bosques: entender el clima y el territorio

En la franja atlántica, el equipo de José Luis Lanata transformó el paisaje en un espacio de prueba. En las dunas de Rancho Donata aplicaron estudios tafonómicos para evaluar cómo las ráfagas de viento desplazan, destapan o entierran los artefactos de piedra y hueso con el paso del tiempo.

En Bahía Thetis aplicaron arqueología experimental: levantaron una estructura habitacional (choza) según patrones autóctonos para monitorear cómo se usaba el espacio, cómo se descartaban las herramientas y de qué manera el ambiente descomponía la estructura.

Estos experimentos permitieron delinear el modelo de vida indígena en la región: grupos con alta movilidad que no permanecían mucho tiempo en un solo lugar y que organizaban sus desplazamientos según la temporada —cazando guanacos en el interior durante el invierno y aprovechando los apostaderos de lobos marinos en la costa durante el verano—.

Un cimiento para la conservación de Península Mitre

La revisión de Martín Vázquez demuestra que el PEOAF definió el perfil institucional del Museo del Fin del Mundo y consolidó la arqueología profesional en Tierra del Fuego.

A más de tres décadas de los trabajos de campo, los miles de artefactos, restos óseos y libretas de campo conservados en Ushuaia constituyen una base imprescindible. Hoy que Península Mitre es un Área Natural Protegida, estos registros confirman que resguardar el territorio requiere cuidar tanto su biodiversidad como su memoria histórica.

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