De las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, solo una se mantiene en pie: la Gran Pirámide de Giza. Las demás sucumbieron al paso de los milenios, dejando tras de sí ruinas, relatos y enigmas por resolver.
Entre esos tesoros desaparecidos destaca el Faro de Alejandría. Con una altura estimada de entre 100 y 130 metros, fue en su época la segunda estructura más alta hecha por el ser humano, solo por detrás de las propias pirámides.
Además, la historiografía lo reconoce como el primer faro registrado en los anales de la humanidad.
La colosal torre dominó la entrada al Mediterráneo durante más de un milenio. Sin embargo, una serie de fuertes terremotos ocurridos entre los siglos X y XIV d.C. provocaron su colapso y posterior hundimiento.
Durante casi 700 años, reconstruir la apariencia exacta de este coloso fue un desafío titánico.
Hoy, un descubrimiento submarino extraordinario acaba de salir a la luz desde las aguas de Alejandría: un diminuto anillo de sello fabricado en bronce que conserva grabada la figura del legendario edificio.
La primera joya de su tipo
El hallazgo es fruto del trabajo de la misión arqueológica conjunta entre el Instituto Europeo de Arqueología Subacuática (IEASM) —dirigido por el arqueólogo Franck Goddio— y el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.
Según confirmó el propio instituto, se trata del único anillo de sello de bronce conocido hasta la fecha que representa de forma directa el Faro de Alejandría.
Hasta ahora, los testimonios visuales más fiables sobre la arquitectura de la torre provenían de monedas egipcias acuñadas en el siglo II d.C. Dichas piezas numismáticas mostraban una estructura organizada en tres niveles:
Base inferior: Una imponente estructura de planta cuadrada.
Cuerpo intermedio: Una torre de diseño octogonal.
Sección superior: Un remate circular culminado por una estatua.
El diseño grabado en el anillo recién descubierto coincide de forma sorprendente con esos registros numismáticos.
Resulta fascinante comprobar cómo un objeto de escasos centímetros ofrece un testimonio gráfico tan nítido de un monumento gigante.
Hallado en el Palacio de Cleopatra
El lugar exacto del descubrimiento añade aún más fascinación al relato. La pieza fue recuperada en la isla sumergida de Antirrodos, enclave que albergó el palacio real de la dinastía ptolemaica donde residió la célebre reina Cleopatra junto a Marco Antonio.
En el siglo I a.C., el geógrafo Estrabón documentó que el nombre Antirrodos hacía referencia a su condición de "rival" de la isla griega de Rodas. La isla se ubicaba justo frente al puerto artificial y contaba con su propia marina privada e instalaciones de gobierno.
Las excavaciones en la zona no solo sacaron a la luz este anillo, sino también una nutrida colección de materiales empleados entre los siglos IV a.C. y IV d.C.:
Vajilla fina y cristalería: Restos de enseres domésticos utilizados por la élite palaciega.
Ánforas y lámparas de aceite: Muestras del intenso tráfico comercial y la vida cotidiana del complejo.
El propio Franck Goddio destacó que el valor del objeto se multiplica al haber sido localizado en "el legendario palacio de Antirrodos, que fue centro neurálgico del poder egipcio".
¿Quién portaba este anillo?
A partir del contexto arqueológico, los investigadores barajan dos hipótesis principales sobre la función del sello:
Validación de documentos y rango social: En el Egipto ptolemaico, los altos funcionarios utilizaban anillos de sello para rubricar documentos oficiales y certificar su autoridad.
Gestión administrativa del Faro: La presencia del grabado sugiere la existencia de oficinas dedicadas al control operacional de la nave del puerto desde el propio entorno palaciego.
No obstante, la comunidad científica mantiene una postura cautelosa. Periodistas especializados como Guillermo Carvajal han señalado que el comunicado oficial no precisa la identidad del propietario, el tamaño exacto del objeto ni la fecha exacta de su manufactura.
Una baliza vital en una costa traicionera
La construcción del Faro comenzó bajo el mandato de Ptolomeo I Soter —general de Alejandro Magno— y concluyó durante el reinado de su hijo, Ptolomeo II Filadelfo, hacia el año 282 a.C. Diseñado por el arquitecto griego Sóstrato de Cnido, el edificio no nació por mero afán de grandeza, sino como una infraestructura de seguridad marítima urgente.
La franja costera del norte de Egipto era famosa por sus traicioneros bancos de arena ocultos. En el siglo I a.C., el historiador Diodoro Sículo dejó constancia del peligro que entrañaba la navegación por la zona:
«La costa no es perceptible para quienes se acercan sin experiencia previa. Los marineros que se dirigen confiados hacia la orilla sufren naufragios inesperados al encallar de repente; y quienes no divisan tierra a tiempo son arrojados contra las rocas por la poca elevación del terreno.»
Diodoro concluyó en sus crónicas que la isla de Faro representaba el único puerto seguro en muchos kilómetros a la redonda.
Reconstruir la historia con tecnología digital
Estudiar las ruinas del Faro supone una labor titánica. Los restos pétreos de la estructura —enormes bloques de granito y ensamblajes metálicos— yacen diseminados a lo largo de más de siete hectáreas en el fondo marino.
Los arqueólogos enfrentan tres grandes obstáculos en cada inmersión:
Visibilidad reducida: Las corrientes y la suspensión del fondo dificultan la observación directa.
Topografía accidentada: Los bloques están esparcidos sin un orden claro sobre un relieve irregular.
Ausencia de estratigrafía: La falta de capas de sedimento estables complica la datación de los restos.
Para resolver este rompecabezas, la investigadora Isabelle Hairy lidera el Proyecto Pharos desde el Centro de Estudios Alejandrinos. Su equipo recurre a modelos de fotogrametría digital tridimensional para registrar cada pieza sumergida y reconstruir virtualmente el Faro original.
Aunque la propia Hairy reconoce que esta reconstrucción digital requerirá aún años de trabajo, los avances actuales demuestran el potencial de la arqueología submarina de alta precisión.
Un destello del pasado rescatado de las profundidades
Este pequeño sello de bronce funciona como una cápsula del tiempo entre el fondo del mar y la grandeza arquitectónica de la Antigüedad. Gracias al cruce entre la exploración subacuática y las herramientas digitales, la historia de la Alejandría ptolemaica cobra vida de nuevo.

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