Hallazgos arqueológicos y tecnológicos de la cultura Pitrén en La Araucanía


 

A fines del año 2007, en la localidad de Labranza —a 10 kilómetros de Temuco—, el proceso expansivo y la construcción de viviendas sociales en la periferia provocaron el impacto involuntario sobre un cementerio arqueológico.


Sin embargo, la historia no comenzó con las máquinas, sino con la alerta de los propios trabajadores de la obra. Al notar que las piezas alfareras estaban desapareciendo y sin saber exactamente de qué se trataba, uno de los obreros acudió al museo para dar aviso de la aparición de restos arqueológicos. Miguel Chapanoff, entonces director del Museo Regional de La Araucanía convocó al equipo en terreno para inspeccionar el lugar.

Al examinar la zona, se constataron fragmentos cerámicos esparcidos cerca de los cimientos de las futuras casas. Ante la duda inicial sobre si se trataba de un sitio habitacional o un cementerio, la aparición de fragmentos de cerámica más grandes de lo habitual y el testimonio de los trabajadores sobre vasijas completas motivaron la paralización temporal de las obras.

Se estableció contacto con el Consejo de Monumentos Nacionales, organismo que contaba con un remanente presupuestario para rescates arqueológicos, permitiendo iniciar en pocas semanas una evaluación detallada para determinar la magnitud del sitio, la presencia de tumbas y el estado de los restos humanos.

Un rescate en múltiples temporadas y el valor del análisis

Tratándose de un hallazgo fortuito, la reacción debió ser inmediata: coordinar equipos, alojamiento y logística sobre la marcha. Las excavaciones confirmaron la presencia de tumbas, vasijas completas y osamentas humanas con una deficiente preservación debido a las condiciones del terreno.

Esto obligó a desarrollar el trabajo en tres temporadas de terreno consecutivas, combinando el rescate material con un riguroso análisis posterior para interpretar el pasado y generar conocimiento histórico.

Innovaciones tecnológicas de hace mil años: Metalurgia y textilería

El yacimiento de Labranza aportó evidencias que modificaron las perspectivas tradicionales sobre el desarrollo tecnológico prehispánico en la región, adelantando en siglos el conocimiento de ciertas técnicas respecto a la llegada de los incas o los españoles:

Metalurgia del cobre: Por primera vez en la región y para este periodo, se documentó el uso de aros de cobre asociados a contextos funerarios. Esto demostró que hace mil años la Araucanía ya poseía el manejo tecnológico para trabajar metales, los cuales cumplían una importante función simbólica acompañando a los difuntos.

Restos textiles y camélidos: Gracias a la propiedad biocida del cobre, que inhibe el desarrollo de microorganismos destructivos, se conservaron microfragmentos textiles de menos de un centímetro cuadrado. Mediante imágenes de alta resolución (aumentos de 200x a 400x) y análisis comparativos, se propuso que la fibra correspondía a pelo de alpaca. Este hallazgo abre interrogantes fascinantes sobre si existía un proceso de domesticación local de especies andinas o redes de intercambio a gran escala con grupos del norte, cuestionando la idea de que este dominio técnico fuera introducido tardíamente.

Prácticas medicinales y consumo: El análisis del interior de dos pipas recuperadas en el sitio permitió identificar residuos de solanáceas —probablemente cáscaras de papa utilizadas como sucedáneo del tabaco— y de boldo, estableciendo un nexo con referencias etnográficas históricas del pueblo mapuche. Asimismo, el análisis de sedimentos en el interior de las vasijas mediante técnicas de flotación reveló la presencia de restos vegetales como el canelo y semillas de frutilla.

El Complejo Pitrén y su vínculo con el entorno

La alfarería recuperada permitió caracterizar la cultura Pitrén (o complejo Pitrén), cuya alfarería normada destaca por el uso de la técnica resistente o negativa, un juego de contrastes entre el rojo (óxido aplicado y pulido) y el negro (producto del ahumado). Este rasgo diagnóstico contrasta radicalmente con los estilos de periodos posteriores, como el complejo El Vergel en la zona de Angol.

Otro aspecto destacado es la marcada preferencia por representaciones simbólicas ligadas a ambientes húmedos, destacando los rasgos anfibiomorfos y modelados antropomorfos (tanto femeninos como masculinos), los cuales reflejan una profunda valoración del agua, los humedales y los pantanos como espacios esenciales para la vida y la cosmovisión de estas comunidades.

Asimismo, el hallazgo de pequeños collares conservados gracias al óxido de cobre complementa la riqueza material de un cementerio que continúa aportando claves fundamentales sobre la continuidad y los cambios culturales en el sur de Chile.

Fuente: Pitrén 1.000 Años de Historia

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