"Halemink. Ona-Mann mit Gesichtsbemalung Grobe Feuerlandinsel Selk'nam". [Halemink. Hombre ona (sic) con pintura facial en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Selk'nam] Foto: Martin Gusinde Hentschel (1886-1969).
Aparecen entre la bruma y el frío de la Tierra del Fuego: figuras de una alteridad radical, cuerpos esbeltos cubiertos de arcilla roja (ákel), diseños geométricos en blanco y máscaras de cuero de guanaco que parecen brotar de un tiempo mítico.
Al observar hoy las fotografías de los espíritus Shoort o la amenazante presencia de Xalpen, el espectador moderno se enfrenta a una paradoja visual: ¿Es este un registro fidedigno de una cultura milenaria o la mayor puesta en escena antropológica del siglo XX?
El 19 de enero de 2019 se cumplió un siglo de la llegada de Martin Gusinde a la Patagonia. Este sacerdote y etnólogo de la Orden del Verbo Divino no solo capturó imágenes; construyó un régimen de visibilidad que transformó a los pueblos originarios en íconos globales.
Hoy, esas miradas nos interpelan desde tatuajes, joyas y galerías de arte, pero detrás de la fascinación estética se oculta un dilema sobre la autenticidad y el poder de la cámara para "inventar" la realidad.
Más allá del "Salvaje": El Desafío de Gusinde a Charles Darwin
Gusinde no llegó al extremo sur como un observador desapasionado, sino como un científico con una misión intelectual: desafiar el pensamiento evolucionista de su época.
Décadas antes, Charles Darwin había descrito a los fueguinos como seres "abyectos y miserables", cuestionando incluso su humanidad.
Gusinde, practicando un "universalismo no etnocéntrico", rechazó esa visión animalesca. Se propuso una inmersión profunda para descifrar el thought world (mundo pensado) de estos pueblos, alejándose de los prejuicios coloniales para entender su espiritualidad y costumbres.
Su metodología exigía un sacrificio que hoy llamaríamos activismo de campo. En 1922, el sacerdote plasmó esta disposición en el Boletín Municipal de la Comisión de Alcaldes de Magallanes:
“Tan sólo cuando se está largo tiempo en un contacto directo y continuo puede conocerse su mentalidad, ideas, costumbres, etc. Porque sólo así se pierde la distancia que media entre ellos y los hombres de cultura como son los investigadores científicos. Esta vida constante con el indio, impone al explorador sacrificios y nosotros los aceptamos gustosos”.
El "Hain": Un Ritual Recreado por 360 Ovejas
La pieza central del legado de Gusinde es su registro de la ceremonia del Hain, el ritual de iniciación Selk’nam. Sin embargo, lo que vemos no es una captura espontánea.
Para 1923, la presión de la colonización había llevado al ritual casi al desuso. Gusinde, consciente de que la cultura se le escapaba entre los dedos, indujo a los nativos a recrear esta compleja ceremonia secreta de cincuenta días.
Para alimentar a los participantes y asegurar la continuidad de la "performance", el sacerdote donó 360 ovejas. El resultado fue un profundo "simulacro de autenticidad".
Durante casi dos meses, los Selk’nam representaron para la cámara la danza de los siete espíritus Shoort y las amenazas de Xalpen. Esta recreación financiada permitió que la fotografía detuviera el flujo del tiempo, rescatando del olvido una cosmogonía que, en la práctica, ya estaba herida de muerte.
La "Escena Étnica": La Fotografía como Construcción
Desde la perspectiva de la cultura visual, Gusinde operó bajo una "economía visual": un sistema donde personas, ideas y objetos interactúan para fabricar una imagen específica del "Otro". Sus fotos no son instantáneas fortuitas, sino construcciones premeditadas que utilizan la "escena" y la "pose" como marcas enunciativas.
El equipo técnico de Gusinde —una cámara de formato 9x12 con trípode y fuelle plegable— dictaba una relación lenta y estática con el sujeto. No había espacio para la espontaneidad. Gusinde moldeó intencionalmente un "arquetipo histórico" exótico y atemporal. Para lograrlo, omitió sistemáticamente cualquier rastro de influencia occidental: obligó a los modelos a despojarse de ropas europeas y objetos modernos que ya formaban parte de su cotidianidad por el contacto con las misiones. Lo que heredamos no es el rostro del indígena de 1920, sino el ideal del "primitivo puro" que el europeo necesitaba documentar.
Testigos del Etnocidio: La Paradoja de la Belleza Técnica
Existe una tensión dolorosa entre la perfección estética de las 990 placas de Gusinde y el contexto trágico de su producción. Estas imágenes son el "certificado de presencia" (en términos de Barthes) de un mundo que estaba siendo aniquilado sistemáticamente para dar paso a la explotación ganadera.
Mientras el lente captaba la "naturalidad" de los cuerpos, la realidad social era de miseria y persecución, documentada en sombríos registros como el sumario judicial de 1895, "Vejámenes a pueblos originarios de Tierra del Fuego".
Extinción y Etnocidio: Las fotos se tomaron mientras el pueblo Selk’nam desaparecía casi totalmente debido a las matanzas organizadas por estancieros.
Desarraigo: Las poblaciones Kawésqar y Yagán sufrían mermas críticas, siendo forzadas a una asimilación que implicaba la pérdida de su territorio y lengua.
Violencia Simbólica: La belleza de la imagen oculta el hambre y la enfermedad que asolaban a los sobrevivientes, quienes posaban como "espíritus" mientras su existencia biológica pendía de un hilo.
De "Extintos" a "Re-indigenizados": El Poder Actual de la Imagen
A pesar de haber nacido en el marco de una antropología de salvataje que predecía la extinción total, las imágenes de Gusinde han cobrado una nueva vida. Han pasado de ser objetos científicos a herramientas de "re-indigenización".
Para los descendientes actuales en lugares como Puerto Williams, estas fotos ya no representan a un "sujeto de estudio", sino que funcionan como un álbum familiar y un mapa para recuperar tradiciones que se creían perdidas.
Aunque el archivo original permanece bajo la custodia del Anthropos Institut en San Agustín, Alemania, y no pasará al dominio público hasta el año 2039, su circulación ha permitido una continuidad cultural que desafía el relato de la desaparición biológica de los años 70.
La imagen, que una vez fue cómplice de la construcción de un mito exótico, es hoy el pilar de una identidad que se niega a ser borrada.
¿Qué vemos cuando miramos al "Otro"?
Martin Gusinde no fue un simple cronista visual; fue un arquitecto de imaginarios. Como bien señaló Gisèle Freund: "La importancia de la fotografía no sólo reside en el hecho de que es una creación, sino sobre todo en el hecho de que es uno de los medios más eficaces de moldear nuestras ideas".
Al mirar estas fotografías, debemos ser conscientes de que estamos ante una visión mediada por el anhelo melancólico de un hombre europeo ante el "fin del mundo".
La obra de Gusinde nos obliga a preguntarnos: ¿estamos viendo realmente a los pueblos de Tierra del Fuego, o simplemente la sombra de lo que nosotros, desde nuestra propia cultura, decidimos que ellos debían ser?

Comentarios
Publicar un comentario