Dicen que cuando se construyó el puente del Rialto, en el XVI, el Diablo exigió al arquitecto, que tenía además nombre de puente, Antonio Da Ponte, el alma del primer ser vivo que lo cruzara. En caso contrario, amenazaba con todo tipo de desgracias para impedir que se finalizara la construcción. Esto es muy común en Venecia, lo de los edificios inacabados, como el palazzo donde ahora está el Guggenheim. Así que el arquitecto tuvo que aceptar el pacto con el Diablo, pero pensó durante mucho tiempo en un modo de que nadie perdiera la vida por terminar su obra.
Finalmente, un día bajó al mercado que está al lado y compró un gallo vivo. Pensaba hacerlo pasar el día de la inauguración, pero siempre se ha dicho por aquí que el Diablo tiene oídos por toda la ciudad y es imposible que suceda una sola transacción sin que él se entere, así que, efectivamente, el Diablo se enteró de lo que el arquitecto pretendía hacer.
Poco antes de la inauguración del puente del Rialto, el mismo Diablo, tomando una de sus formas humanas, se presentó en la casa del arquitecto, donde descansaba su mujer, a punto de dar a luz. Le dijo que su esposo la esperaba en lo alto del puente para que fuera la primera veneciana en observar el Gran Canal desde aquella vista privilegiada, la esposa acudió y fue el primer ser vivo que cruzó el puente.
El arquitecto le suplicó al Diablo que le perdonase la vida a su mujer y el Diablo lo hizo, quería llevarse bien con los venecianos, pero también quería que le tuvieran respeto, así que se llevó la vida del bebé mortinato de la pareja. Cuentan lo abuelos que escuchaban siempre el llanto de un bebé cuando cruzaban el Rialto.
Siempre se ha dicho que, si no hay nadie en el puente, el rumor que se escucha no es el del agua, sino el lamento de un bebé. Se dice también que, tiempo después, un gondolero, que no pudo soportar la pena de escuchar al bebé cada vez que pasaba por debajo del Rialto, prefirió inmolarse y suicidarse justo debajo para contentar al Diablo y llevarse con él el alma del bebé para que descansase eternamente, y también la ciudad.

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