¿Influyen nuestras expectativas en la suerte que tenemos?


¿Existe realmente la suerte o es solo una ilusión bien construida? El psicólogo Richard Wiseman lleva décadas desmontando mitos sobre la fortuna.

National Geographic España - Por: Gonçalo Pereira Rosa

Richard Wiseman quizá sea el autor que más ha escrito sobre el papel de la ciencia en la vida cotidiana. Es profesor de psicología en la Universidad de Hertfordshire, en Inglaterra, y autor del superventas Nadie nace con suerte, pero empezó su carrera en campos insospechados. Fue ilusionista profesional y forma parte de The Inner Magic Circle, el club de magia más famoso de Gran Bretaña. 

Wiseman investiga la percepción humana, el engaño y la suerte, con una visión escéptica de todo lo que se presenta como paranormal. Su canal de YouTube, Quirkology, lo ha convertido en una voz familiar. «Descubrí enseguida que, para ser un mago de éxito, hay que comprender muy bien lo que pasa por la cabeza de los demás. Los buenos magos saben distraer la atención ajena», bromea.

En su faceta de científico, Wiseman estudia la suerte. Ha dedicado las dos últimas décadas a diseñar experimentos para comprender por qué la fortuna parece sonreír a unos más que a otros. Como buen experimentalista, comenzó por verificar si la suerte tendría algo que ver con las facultades paranormales que algunos sujetos afirmaban poseer.

Con ayuda de un programa de televisión, seleccionó a un amplio grupo de individuos que se autodescribían como afortunados o desafortunados y les pidió que predijesen los números de la Lotería Nacional británica. «Observamos que determinados números eran escogidos por los afortunados y evitados por los desafortunados. En muchos casos las diferencias eran mínimas, pero, así y todo, potencialmente decisivas –relata–. Al final, sin embargo, los afortunados no obtuvieron mejores ni peores resultados que los desafortunados. Casi todos los participantes del experimento, yo incluido, perdimos una pequeña cantidad de dinero. Los resultados indicaron que la suerte no se debía a ninguna capacidad extrasensorial».

¿A quién sonríe la buena fortuna?

Wiseman decidió también verificar si la suerte tenía algo que ver con la inteligencia. De nuevo, concluyó que la fortuna sonreía a las personas con independencia de su cociente intelectual. Asimismo, investigó si las expectativas influyen en el resultado. Vio que, en acontecimientos aleatorios como es la lotería, las expectativas cuentan poco. Alguien con una expectativa alta de ganar obtendrá el mismo resultado que alguien con una expectativa baja.

Aun así, la vida no es una lotería. Wiseman empezó a darse cuenta de que las personas afortunadas crean, perciben y aprovechan mejor las oportunidades que surgen en su vida. Y lo demostró en un curioso experimento desarrollado para un programa de la BBC sobre el tema.

«Aunque mi idea era sencilla, requería mucha planificación, billetes de 5 libras, cuatro personas que harían de gancho y un montón de cámaras», escribió. El primer experimento se llevó a cabo en una cafetería cerca de la universidad. El equipo de televisión instaló varias cámaras a lo largo de la calle que conducía a la cafetería y dentro del propio local. Se pidió a los dos voluntarios –Martin, el suertudo, y Brenda, la gafe– que esperasen dentro hasta que llegase una persona que iba a hablar con ellos.

Potenciales 'golpes de suerte'

«Creamos dos potenciales "golpes de suerte" para Martin y Brenda colocando un billete de 5 libras en la calle, justo delante de la cafetería. Ambos tendrían que pasar por delante del billete para entrar, pero ¿se darían cuenta de que estaba allí? –cuenta Wiseman–. También reorganizamos la cafetería de modo que solo tuviese cuatro mesas y sentamos a un gancho en cada una de ellas, uno de los cuales era un empresario de éxito». Se indicó a los cuatro actores que se comportasen exactamente igual, independientemente de si era Brenda o Martin quien estaba en la cafetería. ¿Aprovecharían sus oportunidades tanto los venturosos como los infortunados?

Encendieron las cámaras y esperaron a que Martin y Brenda llegasen. Martin fue el primero en aparecer. Se fijó inmediatamente en el billete de 5 libras, lo cogió y entró. Pidió un café y se sentó junto al empresario de éxito. En pocos minutos, estaba presentándose e invitando al hombre a un café. Este aceptó e instantes después, los dos charlaban animadamente.

«Una vez que Martin abandonó la cafetería, colocamos otro billete de 5 libras en el suelo y esperamos a Brenda. Entonces la cosa se torció un poco. Una mujer con un cochecito de bebé pasó por delante de la puerta antes que Brenda, vio el dinero, lo cogió y se marchó. Sospecho que es una de esas personas que siempre tienen suerte, pero nunca lo sabré con certeza. Dejamos otro billete de 5 libras en el suelo y aguardamos. Minutos después apareció Brenda. Pasó junto al billete sin fijarse y entró en la cafetería. Se dirigió a la barra, pidió un café y se sentó junto al empresario. A diferencia de Martin, ella se quedó en silencio y no dijo una palabra».

Esa tarde, el psicólogo entrevistó a los dos sujetos y les pidió que describiesen cualquier golpe de buena o de mala suerte que les hubiese ocurrido ese día. «Brenda me miró inexpresiva y dijo que había sido una mañana corriente y moliente. Martin contó con entusiasmo que se había encontrado 5 libras en la calle y que había tenido una conversación muy agradable con un empresario de éxito en una cafetería»

Desde principios de este siglo, Wiseman ha diseñado decenas de experimentos conductuales. Hoy está convencido de que las expectativas de las personas afortunadas respecto al futuro les ayudan a materializar sus sueños y ambiciones. «Siempre dan por hecho que seguirán teniendo buena suerte. Y en realidad no es así. Pero sí ocurre algo muy extraño: las personas afortunadas analizan cualquier infortunio como algo pasajero, justo lo contrario de lo que hacen quienes se definen a sí mismos como desventurados». En uno de los experimentos más curiosos, el psicólogo planteó a un grupo de personas este escenario: imagine que está esperando en la cola de un banco y, de repente, un atracador pega un tiro y el disparo le alcanza en el brazo. Se pidió a todos los sujetos que evaluasen en qué medida consideraban ese suceso como buena suerte o mala suerte, asignándole un número.

«Las diferencias entre las respuestas de mu-chas personas afortunadas y desafortunadas fueron sorprendentes –afirma–. Las personas venturosas no nacen con la capacidad mágica de transformar la mala suerte en buena suerte. Pero sí emplean cuatro técnicas psicológicas para superar, e incluso salir con bien, ante las adversidades de la vida. En primer lugar, imaginan escenarios en los que las cosas habrían podido salir peor y se comparan con personas más desgraciadas. En segundo lugar, piensan a largo plazo y dan por hecho que no hay mal que por bien no venga. En tercer lugar, no se regodean en la mala suerte que han sufrido. En cuarto lugar, parten de la base de que siempre pueden hacer algo en relación a su desgracia: perseveran, piensan en soluciones alternativas al problema y aprenden de sus errores».

“Las personas afortunadas analizan cualquier infortunio como algo pasajero, justo lo contrario de lo que hacen quienes se definen a sí mismos como desventurados".

La ventura y la desventura pueden ser caprichosas, pero no tan aleatorias como podría parecer. El exilusionista que se convirtió en una autoridad en psicología comparada filosofa así: «La buena suerte no es una facultad mágica ni un don divino. Es un estado de ánimo, una forma de pensar y de actuar. Las personas no nacen con buena o mala estrella, sino que forjan gran parte de su buena o mala suerte con sus pensamientos, sentimientos y acciones».

Hace unas semanas consulté el archivo del dictador Oliveira Salazar, el profesor de finanzas que durante cuatro décadas rigió con puño de hierro el destino de Portugal. Entre la correspondencia de este hombre conocido por su frialdad y dominio de los números encontré misivas intercambiadas con la adivina y astróloga Maria Emília Vieira, que publicaba horóscopos en la prensa con el seudónimo de Sibila. Hay cartas astrales y confidencias intercambiadas durante tres décadas sobre lo que depararían los astros al hombre más poderoso del país. Durante 30 años, la astróloga leyó el futuro al dictador y llegó a recomendarle que se apartase del Gobierno y se exiliase en Suiza antes de que fuese tarde.

Pero la suerte no le sonrió

Este es un extracto del reportaje "La ciencia de la suerte", publicado en el número de mayo de 2026 de National Geographic. © 2026 National Geographic España


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