El fuego habita en una paradoja fundamental para nuestra especie. Su raíz etimológica, el latín focus, nos transporta directamente al corazón del hogar: ese espacio de calor, alimento y reunión que define lo humano. De la palabra focus nació "hogar", vinculando la combustión con la protección. Sin embargo, en nuestra era, esa fuerza nutricia parece haber roto su pacto ancestral.
Hoy, el fuego transforma el planeta a una escala catastrófica; según el ecólogo Andrés Fuentes Ramírez, se estima que 350 millones de hectáreas arden anualmente en el mundo. Solo en 2024, Sudamérica fue testigo de una devastación sin precedentes con 85 millones de hectáreas consumidas, incluyendo el ecosistema crítico de los humedales del Pantanal en Brasil. Esta "fiebre" terrestre no es un evento aislado, sino el síntoma de una crisis territorial que exige una nueva mirada.
Este artículo explora los hallazgos del proyecto "Ecologías del Fuego", una investigación transdisciplinar en la Araucanía chilena liderada por el grupo Smart Forests de la Universidad de Cambridge y Fundación Mar Adentro. A través de este diálogo entre ciencia, arte y cosmovisión, descubrimos que el fuego no es solo un desastre que combatir, sino un agente biocultural con el que debemos aprender, urgentemente, a convivir.
Habitantes del Piroceno
El historiador Stephen Pyne ha acuñado el término "Piroceno" para describir nuestra época actual. No se trata solo de incendios, sino de la consolidación de una "civilización petrofósil" que ha utilizado el fuego para remodelar la biosfera, mientras el fuego, a su vez, nos ha utilizado como sus portadores y amplificadores. Sin embargo, los megaincendios actuales presentan una diferencia cualitativa respecto a los fuegos históricos. En Chile, a diferencia de los ecosistemas de chaparral en California, los paisajes boscosos no han dependido históricamente del fuego para su germinación o regeneración. Esta falta de resiliencia evolutiva explica por qué la severidad actual es tan letal para especies endémicas.
La acumulación de combustible, el avance de monocultivos de especies exóticas (Pinus spp. y Eucalyptus spp.) y el cambio climático han creado mundos donde el fuego ya no es una visita, sino un residente permanente. Como advierte Jennifer Gabrys: "Fire makes and sustains fire worlds, where fire and life co-evolve."
Geografías sagradas del Wallmapu
En el Wallmapu, la cosmovisión Mapuche ofrece una ontología distinta: el fuego o kütral es una entidad viva. Su espíritu, el choñoiwe, reside en el fogón y actúa como un puente sensible: el humo es el mensajero que transporta las plegarias de la tierra hacia el Wenumapu (el mundo de arriba). Esta visión no es una abstracción, sino una guía ética que exige una "ofrenda al fuego", transformando nuestra relación de una defensiva y temerosa a una de respeto y diálogo ceremonial.
El choñoiwe se manifiesta en una dualidad de energías: el choñoiwe füsha (fuerza masculina) y el choñoiwe küshe (la "fuego vieja" o energía femenina). Es esta última la que, según el epew (relato ancestral), llamó a Lalen Kuze, la araña antigua que enseñó a los humanos el arte de tejer. En el contexto de la restauración forestal, la figura de la araña se vuelve una metáfora poderosa: restaurar un bosque tras el incendio no es solo plantar árboles, es volver a tejer el tejido territorial y simbólico que el fuego ha rasgado.
La ciencia del carbón y la "piel de tortuga"
Tras el paso del fuego, el carbón vegetal emerge como un "testigo silencioso". Según la investigadora Gianna Salamanca, estos fragmentos negros no son ceniza inerte, sino archivos de alta fidelidad. El carbón preserva la integridad celular de la madera incluso tras ser expuesto a 1000°C, permitiendo a la paleobotánica reconstruir paisajes del Paleozoico y Mesozoico.
La transformación química de la madera es un proceso fascinante de descomposición termoquímica donde los compuestos estructurales, la celulosa (cadenas lineales) y la lignina (anillos aromáticos), se alteran en cuatro fases:
- Deshidratación (20-110°C): Expulsión de la humedad del sistema vivo.
- Torrefacción: Secado total y liberación de gases (CO2, metano, ácido acético).
- Pirólisis (270-290°C): El umbral crítico donde comienza la formación del carbón vegetal.
- Carbonización avanzada (>400°C): El material alcanza su máxima estabilidad estructural.
Esta resistencia es visible en la majestuosa Araucaria araucana. Su corteza, que los residentes del proyecto describen con la textura de las capas epidérmicas de una tortuga, es una armadura de placas rígidas diseñada para aislar el calor y proteger los tejidos internos. Sin embargo, ante el Piroceno, incluso esta "piel de tortuga" se enfrenta a umbrales de calor que desafían su supervivencia milenaria.
Las manifestaciones de la fiebre terrestre
La agresividad de los incendios contemporáneos ha dado paso a fenómenos que parecen sacados de la ciencia ficción: los pyrocumulonimbus. Estas son nubes generadas por el calor extremo de los incendios que desarrollan sus propios sistemas meteorológicos. Son, literalmente, "nubes que respiran lumbre", capaces de generar tornados de fuego y rayos que inician nuevos focos a kilómetros de distancia, propagando el desastre de forma autónoma.
Chile ha sentido el rigor de este nuevo clima de incendios. El caso de China Muerta (2015) es emblemático: una fogata mal apagada resultó en la pérdida de 6,000 hectáreas, de las cuales 3,765 correspondían a bosques de Araucaria y Nothofagus. Más recientemente, los letales incendios de Viña del Mar (2024) confirmaron que la interfaz urbano-rural y la crisis climática han creado una fuerza que supera cualquier estrategia de supresión tradicional.
Descolonizar la tecnología
La propuesta final de Smart Forests y Fundación Mar Adentro es un cambio de paradigma: debemos transitar de la cultura del "combate" a la de la "convivencia". Esto implica reconocer que el fuego es un sistema integrado donde la tecnología digital (sensores de CO2, IA, teledetección) debe aliarse con los saberes locales y la gobernanza territorial Mapuche. No se trata solo de monitorear, sino de decolonizar la forma en que entendemos y cartografiamos el riesgo.
Enfoque Tradicional (Combate y Supresión) | Enfoque de Ecologías de Fuego (Holístico) |
El fuego es visto como un enemigo externo y un desastre. | El fuego es un proceso ecológico, social y biocultural. |
Gestión reactiva basada en la emergencia. | Gestión preventiva basada en la memoria del paisaje. |
Dependencia exclusiva de técnicas físicas de extinción. | Alianza entre sensores digitales, IA y saberes ancestrales. |
Visión técnica, fragmentada y centralizada. | Mapeo plurinacional, arte transdisciplinar y redes locales. |
Las cuatro energías de la vida
La sabiduría ancestral del Wallmapu nos recuerda que para que exista el Mogen (la vida), deben converger las cuatro energías o Meli Newen: el agua, el aire, la tierra y el fuego del sol. Solo en ese equilibrio dinámico el paisaje florece.

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