El arte ancestral está tejiendo la independencia de las mujeres mapuche en Arauco



Este artículo se basa en un trabajo académico de Antonia Medina Burdiles para la Universidad de Concepción: "Memorias y autonomía femenina en la artesanía patrimonial: Saberes ancestrales de las mujeres mapuche de la provincia de Arauco" (Enero 2026).

¿Puede un canasto de ñocha o una manta tejida en witral ser, en realidad, una herramienta de liberación política y económica? A primera vista, el observador desprevenido podría ver solo objetos de una belleza técnica envidiable: la profundidad del violeta extraído del maqui, el tono mostaza que regala el "falso té" o el naranja vibrante del castaño. 

Sin embargo, en las manos de las artesanas de la provincia de Arauco —en localidades como Lebu, Cañete y Tirúa—, estas fibras son mucho más que artesanía. Son el testimonio material de mujeres que, al entrelazar el coirón y la lana, están desarticulando desigualdades estructurales históricas. No son solo guardianas de una técnica; son sujetos políticos desafiando la reclusión doméstica y reclamando su autonomía.

El dinero como "pasaporte" hacia la toma de decisiones

El ingreso propio no es solo un flujo de caja; es un cambio sísmico en la arquitectura del poder doméstico. En las comunidades de Arauco, el paso de la mujer de "ayudar en las tareas del hogar" a "generar recursos propios" permite resquebrajar lo que la teoría feminista denomina el "patriarcado del salario". Durante décadas, la dependencia económica del marido dictó los límites de la libertad femenina, confinando sus deseos a la voluntad de un proveedor externo.

Cuando una artesana administra el fruto de su venta, recupera la soberanía sobre su propia vida. El dinero se convierte en un instrumento para priorizar la educación de los hijos, mejorar la salud familiar y, fundamentalmente, eliminar la subordinación. Como bien lo sintetiza una voz del territorio:

"Las mujeres son independientes cuando hacen sus cosas, y no están esperando cosas del marido".

El salto del espacio privado al mundo: De la ruca a París

La artesanía ha funcionado como un vehículo de movilidad física y simbólica sin precedentes. Para mujeres cuya historia estaba atada a la domesticidad rural, el arte textil ha sido el puente para cruzar fronteras que parecían geográficamente imposibles. Lo que comenzó en el rincón de una cocina o una ruca, ha alcanzado escenarios globales:

  • París, Francia: Exposición de lámparas de ñocha en la prestigiosa Bienal de París, representando la cultura nacional en los 100 años de Violeta Parra.
  • Nueva Zelanda: Intercambios culturales con el pueblo Maorí para compartir saberes sobre el desarrollo lafkenche.
  • Mozambique: Estancias de activismo junto a la organización Anamuris, trabajando en la defensa internacional de las semillas ancestrales.
  • Nivel Nacional: Presencia constante en ferias de Santiago y Concepción, obteniendo Sellos de Excelencia que validan su maestría técnica.

Este tránsito altera profundamente la autopercepción de las artesanas. 

Kimun y Küpalme: La identidad como escudo contra la discriminación

En la cosmovisión mapuche, el empoderamiento no se entiende sin el Kimun (conocimiento o sabiduría integral) y el Küpalme (linaje o herencia familiar). Durante mucho tiempo, la artesanía fue estigmatizada como una "marca de pobreza" o un recurso de última instancia para la subsistencia. Hoy, ese estigma ha sido reemplazado por un orgullo identitario radical.

El Küpalme no es solo genealogía; es una "responsabilidad" o una necesidad intrínseca de cumplir un rol. El estudio etnográfico revela historias como la de Marta, cuyo deseo de tejer emergió como un destino manifiesto, incluso antes de saber que sus ancestras eran tejedoras expertas. Es una predisposición que se lleva en la sangre. El Kimun, por su parte, es el saber que da sentido al mundo:

"El kimun es como nuestro saber (...) es parte de nuestra vida, nuestra esencia. Es como, como se dice, una palabra bien amplia, es nuestra cosmovisión. Es como vivimos nosotros" (Fuente: 056CAÑ1TEX).

La rebelión colectiva contra el machismo

La autonomía en Arauco no es un logro individual, sino el resultado de la rebelión colectiva. Organizaciones como Relmu Witral (en Tirúa) y Rayen Voygue (en Cañete) han sido los pilares de esta transformación. Históricamente, el apoyo de la misión jesuita en la zona fue un catalizador, buscando que las mujeres fueran más independientes frente a problemáticas como el alcoholismo y la violencia de sus parejas.

Estos grupos permiten a las mujeres "romper la barrera" del machismo tradicional que intenta restringir su movimiento bajo la premisa de que "la mujer es de la casa". En el colectivo, las artesanas encuentran la red de seguridad emocional para transitar del "pedir permiso" al simple "informar" sobre su salida al espacio público. La lucha contra la restricción es explícita:

"Se dice que el pueblo Mapuche, pero ha ido cambiando, es muy machista... dicen que la mujer tiene que ser de la casa y no para andar en grupos ni en organizaciones. Y el grupo que nosotros formamos quisimos romper esa barrera" (Fuente: 056CAÑ1TEX).

Cuando el monocultivo amenaza el arte

Este camino hacia la independencia enfrenta hoy una amenaza ambiental severa: la expansión del monocultivo de pino y eucalipto. Las empresas forestales han alterado el ecosistema, utilizando líquidos para fertilizar y pesticidas que han exterminado fibras vitales como el coirón.

Ante la desaparición de sus materias primas nativas, las artesanas han demostrado una resiliencia asombrosa. En un acto de ironía y astucia técnica, han comenzado a utilizar la amófila, una especie invasora introducida para detener el avance de las dunas, adaptándola como "relleno" para reemplazar al coirón ausente. El cambio ecosistémico es evidente y doloroso:

"El coirón tampoco se encuentra en el forestal, porque se terminaron, porque le echaron un líquido para fertilizar lo que plantan las forestales... y se acabó el coirón" (Fuente: 002LEB1FVE).

La autonomía de las mujeres mapuche en Arauco no es un evento fortuito, sino un proceso de desarrollo gradual. No es un interruptor que se enciende o se apaga, sino una negociación cotidiana y valiente por reclamar espacios, desde el "permiso" del marido hasta la conquista de mercados en el extranjero. Cada pieza de ñocha o textil teñido con cortezas de peumo y palo santo es un fragmento de vida recuperado.

El futuro de este arte ancestral depende de que entendamos que, detrás de cada hilo, hay una mujer tejiendo su propia libertad.

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