El puente roto: la distancia entre la academia y la realidad de las comunidades mapuche


4 de junio de 2026

En las últimas décadas, el pueblo mapuche se ha transformado en uno de los sujetos de estudio más recurrentes en las ciencias sociales, la antropología y la historia en Chile. Universidades nacionales e internacionales financian anualmente decenas de proyectos de investigación, tesis doctorales y artículos en revistas indexadas que analizan desde su cosmología hasta el conflicto territorial.

Sin embargo, al recorrer comunidades rurales de las regiones de La Araucanía, Biobío o Los Ríos, surge una pregunta incómoda pero inevitable: ¿Cuánto de ese conocimiento acumulado impacta realmente en el bienestar y en el día a día de las familias mapuche?

Existe una brecha profunda entre la producción intelectual de los centros de estudio y la cruda realidad que se vive en los territorios. Esta distancia no solo es metodológica; es, sobre todo, ética y práctica.

El “extractivismo epistémico” o la investigación de escritorio

Uno de los reclamos más recurrentes de los dirigentes y comuneros es el uso que se hace de sus testimonios. Muchas comunidades sienten que la academia practica una suerte de “extractivismo”: los investigadores entran al territorio, recopilan historias, saberes ancestrales (kimün) o datos sobre la violencia y la pobreza, y luego se retiran.

El resultado de ese proceso suele ser un artículo en inglés o en español técnico, publicado detrás del muro de pago de una revista académica.

El investigador gana prestigio, puntaje para su postulación a fondos públicos (como la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID) y ascensos en su universidad.

La comunidad, por su parte, queda exactamente igual: lidiando con los mismos problemas de acceso a agua potable, falta de caminos u oportunidades. El conocimiento rara vez se traduce en soluciones concretas o en apoyo directo.

“Acusan al antropólogo Magnus Course desde el territorio lafkenche del Budi. Magnus Course no solicitó autorización a las autoridades del Rewe de Pangku para escribir sobre el Gillatun, ceremonia espiritual mapuche” (22/10/2012).

La desconexión entre las variables académicas y las urgencias del territorio

El lenguaje académico suele compartimentar la realidad para poder estudiarla: se analiza “el conflicto ambiental”, “la revitalización lingüística del mapudungun” o “los índices de pobreza multidimensional”. En la práctica, la cultura mapuche no vive estas variables de forma separada.

Por ejemplo: “estudios de vulnerabilidad hídrica” versus la urgencia diaria de familias que dependen de un camión aljibe municipal que pasa una vez por semana para obtener agua para beber y cocinar; o “estudios sobre la soberanía alimentaria” versus la falta de tierras fértiles debido a la presión de la industria forestal y los monocultivos de pino y eucalipto, que secan el suelo.

El romanticismo antropológico

Algunos sectores académicos analizan la realidad del pueblo mapuche desde una supuesta pureza mítica o un rol estrictamente de resistencia ecológica, ignorando que las personas que habitan en comunidades rurales también aspiran a desarrollo económico, conectividad vial, acceso a tecnología y educación para sus niños y jóvenes, sin que ello implique perder su identidad.

La teorización del conflicto

Se analiza la situación rural desde marcos conceptuales europeos o norteamericanos que simplifican dinámicas locales muy profundas, donde hoy se entrelazan demandas históricas legítimas con dinámicas de delincuencia común que quienes viven en zonas rurales sufren y condenan en silencio.

Hacia una investigación que sane el vínculo

Reducir esta brecha no implica dejar de investigar, sino cambiar el cómo y el para qué. Algunas universidades y centros de pensamiento han comenzado a implementar metodologías de co-construcción del conocimiento, en las cuales la comunidad no es el “objeto estudiado”, sino un socio activo de la investigación.

Para que la ciencia y las humanidades tengan sentido en el sur de Chile, la academia debe bajarse del pedestal teórico. El éxito de una investigación sobre personas y territorios mapuche no debería medirse por cuántas citas recibe en un portal internacional, sino por cuántas herramientas reales entrega a la comunidad para defender sus derechos, mejorar su calidad de vida y preservar su cultura en sus propios términos.

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