En la década de los 70, en el corazón de la Ciudad de México, existió una habitación donde las leyes de la física y la medicina moderna parecían doblarse por completo. Un cuarto oscuro, iluminado apenas por la luz trémula de un par de velas, donde una mujer de aspecto humilde abría cuerpos humanos con un viejo cuchillo de monte, extraía órganos enfermos y, ante la mirada atónita de científicos e intelectuales, materializaba tejido sano con sus manos desnudas.
Su nombre era Bárbara Guerrero, pero el mundo la conoció —y la
sigue recordando con una mezcla de temor, devoción y asombro— como "Pachita".
Hoy en día, cuando la frontera entre la ciencia de vanguardia y la espiritualidad parece volverse cada vez más delgada, el legado de la chamana más famosa de México recobra una vigencia fascinante. ¿Fraude magistral, fe absoluta o una asombrosa capacidad mental que la ciencia aún no logra descifrar?
De la Revolución a la "Casa de las Brujas"
Nacida en Parral, Chihuahua, a inicios del siglo XX, la vida de Pachita estuvo marcada por la crudeza de la Revolución Mexicana, la pobreza y la resiliencia. Fue vendedora de billetes de lotería, cantante en locales públicos y partera. Sin embargo, su destino dio un vuelco definitivo cuando se instaló en la Ciudad de México, específicamente en un edificio de arquitectura gótica en la colonia Roma conocido popularmente como La Casa de las Brujas.
Allí acudían miles de personas. No solo campesinos o desesperados a los que la medicina formal había desahuciado; a sus puertas también tocaban discretamente altos funcionarios de la política mexicana, artistas internacionales y académicos de renombre.
Pachita, sin embargo, siempre mantuvo una postura: ella no curaba a nadie.
"El Hermanito" y el Cuchillo de Monte
Para operar, Pachita entraba en un trance profundo. Aseguraba que en ese momento cedía su cuerpo al espíritu de Cuauhtémoc, el último huey tlatoani mexica, a quien llamaba cariñosamente "El Hermanito". Quienes presenciaron las sesiones describían cómo su voz femenina y cansada se transformaba en un tono imperioso, masculino y lleno de una fuerza descomunal.
El procedimiento desafiaba cualquier protocolo quirúrgico:
- Sin anestesia ni esterilización formal, utilizaba un cuchillo oxidado para realizar incisiones. Los pacientes aseguraban sentir un dolor agudo pero soportable, y el sangrado era extrañamente mínimo.
- Con sus manos introducidas en las cavidades del cuerpo, removía tumores o extirpaba órganos dañados.
- En segundos, realizaba lo que sus testigos llamaban "materialización": un órgano nuevo y funcional aparecía entre sus manos para ser colocado en el espacio vacío.
- Para cerrar la herida, bastaba con que pasara sus manos sobre la piel del paciente. El tejido se sellaba de inmediato, dejando apenas una leve línea que desaparecía en horas.
El Encuentro con la Ciencia: Jacobo Grinberg y la Teoría Sintérgica
Si la historia de Pachita se hubiera quedado en el boca a boca de los callejones de la ciudad, habría pasado a la historia como un mito urbano más. Pero el fenómeno atrajo a mentes científicas dispuestas a desenmascararla. La más importante de ellas fue la de Jacobo Grinberg-Zylberbaum.
Grinberg, un brillante neurofisiólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con estudios en Nueva York, llegó al consultorio de Pachita con el escepticismo propio de un hombre de laboratorio. Sin embargo, tras convertirse en su asistente y presenciar decenas de cirugías imposibles, su estructura mental cambió para siempre.
Para intentar dar una explicación científica a los milagros de la chamana, Grinberg desarrolló la Teoría Sintérgica:
Según Grinberg, la realidad que percibimos no es sólida, sino una matriz holográfica de información pura (la lattice). El cerebro humano actúa como un decodificador de esta matriz. Grinberg postuló que el cerebro de Pachita operaba en un "campo neuronal" de altísima distorsión y coherencia, lo que le permitía modificar la matriz de la realidad directamente con su mente. Al alterar la información de la matriz, Pachita podía moldear la materia, creando un órgano sano donde antes no había nada.
El misterio de este vínculo se volvió aún más oscuro cuando, en diciembre de 1994, en la cúspide de sus investigaciones, Jacobo Grinberg desapareció sin dejar el más mínimo rastro, alimentando teorías conspirativas que persisten hasta el día de hoy.
El Testimonio de Jodorowsky: Dolor y Sanación Real
Otro de los grandes relatores de las artes de Pachita fue el cineasta y escritor chileno Alejandro Jodorowsky. Fiel a su estilo provocador y buscador de los límites de la mente, Jodorowsky no solo fue a observar, sino que se tendió en la camilla de Pachita para sanar una afección en el hígado.
En sus memorias, detalla la experiencia con una mezcla de horror y fascinación: sintió el olor a sangre, el dolor físico y real de una mano hurgando en sus entrañas y la posterior sensación de una masa pastosa siendo extraída. Verdad o sugestión psicológica extrema, el impacto emocional de esa experiencia fue tal que inspiró gran parte de su posterior propuesta terapéutica: la psicomagia.
¿Mito, Magia o Ilusionismo?
Para la ciencia médica tradicional y el pensamiento racionalista, las operaciones de Pachita entran categóricamente en el terreno del ilusionismo, el truco de manos (utilizando sangre y vísceras de animales ocultas) y el poderoso efecto placebo. La medicina formal argumenta que las supuestas curaciones fueron el resultado de diagnósticos erróneos previos, remisiones espontáneas o la fe ciega de los pacientes que mitigaba temporalmente sus síntomas.
Pachita falleció el 29 de abril de 1979. Nunca buscó enriquecerse con sus dones ni pretendió fundar una religión; se consideraba una simple servidora de una fuerza más antigua que el propio tiempo.
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